Viaje a Laponia sueca: raquetas de nieve en el Báltico

Caminar con raquetas de nieve por el mar Báltico helado es una experiencia impresionante. Tras ir en trineo tirado por perrospilotar una moto de nieve y sobre todo mi bautizo en hielo y la posterior natación en aguas heladas en el Winter Swim me faltaba esta experiencia para irme con el pack completo. Salimos de Skellefteå en el norte de Suecia en coche con Peter de Swenature AB con destino a la costa báltica para calzarnos las raquetas de nieve e ir a pasear por el mar haciendo fotos increíbles y disfrutando de una comida preparada en una isla a la que obviamente llegamos caminando.

Calzarme las raquetas de nieve, algo que hacía por primera vez, tuvo sus complicaciones. No había manera de hacerlo por mi mismo. Debe ser que estoy poco acostumbrado o que tengo un sentido del equilibrio pésimo. Al final con la ayuda de Peter y otros miembros de la expedición me las logré calzar y dar comienzo a la caminata.

Raquetas de nieve calzadas - Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Raquetas de nieve calzadas – Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Lo difícil de caminar con las raquetas de nieve es ir en primer lugar por nieve virgen desde donde dejamos en coche por el bosque hasta la costa. Con 50 o 60 cm de nieve te hundes cada vez que das un paso con lo que andar varios kilómetros resulta un paseo agotador pero enormemente efectivo para quemar grasas y hacer deporte. A Peter, ya acostumbrado, no parecía suponerle ninguna dificultad arrastrar una carga de unos 50 kilos donde llevaba lo necesario para preparar la comida.

Peter el guía y su carga - Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Peter el guía y su carga – Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Con raquetas de nieve por el bosque de Laponia - Foto: Ted Logardt / visitskellefteå.se

Con raquetas de nieve por el bosque de Laponia – Foto: Ted Logardt / visitskellefteå.se

Una vez en pleno mar abierto la cosa es más fácil y, aunque las distancias engañan, tratar de llegar a una isla cercana es algo factible. Ese fue nuestro caso. Peter nos guió a una isla donde cocino para nosotros mientras nosotros íbamos buscando esas increíbles protuberancias de hielo que se hacen en el mar debido a las olas, las corrientes, la nieve y el viento que las moldea hasta darle forma de pequeñas colinas. La temperatura, pese a ser baja, del orden de unos -5ºC era superior a lo habitual para la época. A pesar de eso el viento soplaba fuerte y la sensación térmica se acercaba a los -15ºC.

El Báltico helado - Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

El Báltico helado – Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Peter nos explicó que el mar tenía una capa de hielo de aproximadamente un metro e hicimos un agujero en él con una especie de taladro manual para comprobarlo. Con una capa de tan solo 2 cm de hielo ya puede caminar una persona y con unos 10 cm ya se puede conducir un coche helado sobre el Báltico. A pesar de eso cada año mueren algunas personas por meterse en lugares donde el hielo ha perdido su consistencia y no llevar consigo la equipación necesaria para salir de semejante hueco.

El grupo de paseo por el Báltico - Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

El grupo de paseo por el Báltico – Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Caminando por el mar Báltico helado - Foto: Ted Logardt / visitskellefteå.se

Caminando por el mar Báltico helado – Foto: Ted Logardt / visitskellefteå.se

Como en Laponia en invierno oscurece pronto la vuelta a las cuatro de la tarde se produjo ya con linternas portátiles en nuestra frente lo que daba lugar a un misterioso paisaje con una hilera de personas iluminando el infinito mar Báltico antes de adentrarse en las playas sumergidas bajo la nieve y en el bosque de vuelta a casa.

Paseo nocturno con raquetas - Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Paseo nocturno con raquetas – Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Finalmente retornamos a Skellefteå para darnos una ducha caliente en el hotel Stiftsgården, a las afueras de la ciudad junto a la impresionante iglesia de Skellefteå y su encantador cementerio, y tras ello nos dirigimos al centro de la ciudad para cenar en el recomendable Bistro Bryggargatan junto al río y la piscina que nos había visto nadar no mucho tiempo atrás.

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Sobre Israel Úbeda

Nacido en Terrassa (Barcelona) en 1980. Apasionado de los idiomas y los viajes se escapa a Escandinavia cada vez que puede ahorrar e irse dejando su trabajo arreglado. Vivió su primer contacto con Suecia en el ya lejano 2002. Para 2004 logró hacer realidad su sueño de pasar unos meses en el país nórdico. Allí obtuvo el certificado "Svenska som andraspråk. Grundläggande nivå" con el sueco aprendido gracias a cursos de Internet y a libros en inglés. Entre sus hobbies además de los ya citados se encuentran: la informática, fotografía, la música.

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