Fotografiando sensaciones en Estocolmo

Otra vez en Suecia y es la segunda en menos de 20 días. Bajo del avión, y sin siquiera salir del aeropuerto, mi nariz se ve inundada por esa mezcla de olores característicos del país. Siete grados centígrados y un lígero viento me acompañan durante el trayecto hasta Estocolmo. La primavera, lluviosa y verde, que dejé atrás en Barcelona, se presente aquí en forma de árboles grises, vacíos de contenido,  y campos en su mayoría tórridos sin atisbo de vida. Sin embargo, más dispuesta que nunca, parece querer recuperar el tiempo perdido y dejar paso a todo su esplendor.

Strandvägen en Estocolmo - Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

Strandvägen en Estocolmo
Foto: Israel Úbeda / sweetsweden.com

El cielo, radiante, sin una sola nube asomándose por el horizonte, despide ese color azul que permitiría confundirlo con el mar que fluye entre las islas de la capital. El sol de media tarde calienta con disimulo las fachadas de Strandvägen en Östermalm entre las islas de Skeppsholmen y Djurgården.  Precisamente desde esta última el Nordiska museet y su sufrido compañero de trabajo, el Vasa se esfuerzan por recaudar los últimos rayos de un sol caro de ver por estas latitudes.

Me apeo del metro en Slussen, tomo las escaleras y bajo hacia las terminales de autobús donde tomo uno con destino a Nacka. Seguimos a través del Stadsgårdleden, que discurre a junto al mar por la isla de Södermalm, el bus y yo, uno con su cansino devenir mientras el otro anda sumido en sus cavilaciones. Contemplo Gröna Lund desde la distancia tratando de esquivar con la mirada los enormes barcos apostados en primer plano dispuestos para surcar el Báltico con destino a Helsinki, Tallin o, para los más osados, San Petersburgo. Unos cientos de metros adelante está Hermans, el buffet libre vegetariano, donde hace menos de un año disfrutábamos de sus exquisiteces junto con Linnea y las respectivas familias.

Tras un par de curvas subimos por Folkungagatan para llegar a Dansvikbro y cruzar el puente que separa Södermalm de la isla de Sickla. El paisaje, nuevo para mí, aunque similar a otros vistos, es precioso. Enfrente de mí una isla rocosa y escarpada, bajo el altísimo puente se abre paso el mar a derecha e izquierda. Unos kilómetros más allá, junto a Henriksdal, se deja ver en sus últimos coletazos la nieve del pasado invierno. Tanta belleza necesita ser inmortalizada de alguna manera. Es entonces cuando caigo en la cuenta de que en este viaje tocó dejarme olvidada la cámara. Así no me quedó otro remedio que sacar el lienzo digital, coger el carboncillo de las ideas, añadirle colores en forma de adjetivos, hacer los retoques verbales de última hora y finalmente firmarlo con una buena dósis de sentimientos. Por una vez, mi único deseo es que la imagen me salga movida. Cuanto más movida mejor y cuanto más contribuya a mover a otros mejor todavía. Esta es mi fotografía de hoy con las mejores vistas de Estocolmo que comparto con vosotros.

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Sobre Israel Úbeda

Viajando a Suecia desde 2002 y viviendo a temporadas en el país. Hace unos años me decidí a que otros pudieran conocer sus destinos turísticos, su idioma y sociedad en esta página. Bienvenido!

3 comentarios

  1. Qué bonito!!

    Yo después de Slussen «ya me he perdido». Toda esa zona es totalmente nueva para mi -seguro que es preciosa y más como la describes-, aunque Nacka sí que estuvo presente en verano por varias cosas que comentaron en el curso.

    Se me cae la babita al leer todo lo que describes… :D

  2. Dragon negro

    Te ha quedado guapo, ha sido como si viajara contigo, no olvido todo lo que sentí, como era el paisaje, ese caracteristica mezcla de olores… me has recordado un momento muy bonito :)
    Sobre todo lo que me gustó el vasamuseet (lo único que conozco, puede que haya visitado también el otro si está cerca, pero ni idea =S )

    Enhorabuena por un gran blog sobre Suecia
    Dragon

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